La monarquía española buscó restablecer su autoridad sobre las colonias en América, por lo que, entre 1816 y 1819, el ejército español combatió a las fuerzas independentistas, aunque al final, los españoles serían expulsados de la Nueva Granada en 1821, año en el que la élite peninsular abandonó Santa Marta.
Tras la derrota de las tropas francesas por parte de ingleses y españoles en 1814, el rey Fernando VII regresó al trono, restableció el absolutismo y pretendió recuperar sus dominios en América. Para esto, organizó la Expedición pacificadora bajo el liderazgo del general Pablo Morillo, quien partió de España y desembarcó en Venezuela. Luego sitió Cartagena, que resistió durante 105 días, razón por la cual es conocida como la “Ciudad heroica”. Posteriormente, dividió a su ejército en cuatro grupos que penetraron en la Nueva Granada.
Morillo llegó a Santafé el 26 de mayo de 1816 y emprendió una persecución hacia los criollos que participaron en la revolución. Muchos hombres y mujeres fueron fusilados, entre ellos Camilo Torres, Francisco José de Caldas y Policarpa Salavarrieta. Morillo impuso diversas prácticas violentas, por lo que a este período se le conoce como el Régimen del Terror. También restableció a las autoridades españolas y restauró el Virreinato del Nuevo Reino de Granada.
Morillo utilizó tres métodos de represión para acabar con la resistencia criolla y desmantelar los gobiernos independientes:
1. Los consejos de guerra: Tenían como funciones juzgar, condenar y ajusticiar a los revolucionarios que eran capturados.
2. El consejo de purificación: Se encargó de los funcionarios públicos, los militares y las personas que recibían pensiones del ejército, y que fueran sospechosas de haber apoyado al gobierno revolucionario.
3. La junta de secuestros: Era la responsable de embargar los bienes de los detenidos para costear gastos militares, así, muchas familias terminaron arruinadas.
Los patriotas que escaparon de la Reconquista se dirigieron a los Llanos del Casanare y de Apure, una zona poco habitada, de difícil acceso y que se inundaba regularmente, lo que significaba una barrera natural contra los ejércitos realistas. Allí, mantuvieron viva la causa de la independencia y se organizaron en ejércitos regulares y guerrillas. En las cordilleras de la Nueva Granada también se formaron guerrillas antirrealistas, que resistieron durante largos meses a las tropas monárquicas.
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